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Libro de las abuelas

Hasta siempre, Juana Alarcón

Queridos amigos el pasado sábado día 9 de julio, nuestra queridísima Juana Alarcón, una de las protagonistas del libro “Málaga Cocina Emoción” ha fallecido en su casa de Torremolinos. Desde la Fundación El Pimpi, queremos rendirle homenaje a esta maravillosa mujer, reproduciendo una breve semblanza de algunos de sus recuerdos de la infancia y juventud.
Ha sido para nosotros un honor compartir muchos momentos con Juana; en la televisión, la radio y en presentaciones del libro, donde fue siempre con su simpatía, una destacada embajadora del proyecto.
Querida Juana, te quedas en nuestros corazones. Gracias por dejarnos tu cariño y esa receta entrañable de Sopa de Tomate de tu infancia.
Un abrazo enorme a toda su familia, especialmente a tu hija Sara, nietos y yerno.
D.E.P

SEMBLANZA
Juana Alarcón Moreno.
Juana Alarcón nació en Mijas. Su abuela ayudó a traerla al mundo, fue la que «parteó» a su madre. Se quedó como hija única, aunque tuvo otro hermano que murió al nacer. Con dos años se traslada a Torremolinos, a las huertas de «Playamar». Aprendió a leer y a escribir en la Escuela Rural, pero la maestra iba cuando le parecía, era un desastre. Si hubiera estado en un colegio bueno sí que le hubiera gustado estudiar. Ha tenido que trabajar de niña en el campo para sacarse un jornalillo.
«Mi casa estaba muy cerca de la vía del tren, un día, escuchamos tiros y mi padre se asustó, nos cogió y no llevó al Sanatorio Marítimo para protegernos, pero estaba cerrado. Como no sabía qué hacer, seguimos huyendo. Nos vimos metidos en una caravana de gente que huía. Era el miedo. Mi padre cargaba conmigo, y mi madre con una amiguita, llegamos andando hasta la Herradura. Allí no sé cómo, nos subieron en un camión y nos trajeron de vuelta a Málaga. Años después me enteré que aquello era “La Desvandá”. Tenía siete años».
Los años cuarenta fueron muy duros. En Torremolinos no había mercado, la gente de la playa del Bajondillo, cuando sacaba pescado, iba por el campo y cambiaban un puñado de pescado por patatas o alcachofas o lo que hubiera en ese tiempo. En la Carihuela y el Bajondillo había mucha miseria, si había una “levantera” no tenían nada que comer. La madre de Juana vendía huevos, conejos y productos de la huerta, realmente lo que hacía, era cambiarlos en la tienda de Antoñico el de Eladio, por aceite, arroz, sal y otras cosas que pudieran necesitar.
Por aquellas huertas era habitual la visita del “quincallero” hubo uno que se llamaba Manuel que iba los domingos, lo acompañaba un niño pequeño. Llegaba y pregonaba. Las mujeres y los niños salían y se arremolinaban a su alrededor. Venía en una moto pequeña, a la que tenía adosado un cajón con muchos departamentos donde trasportaba sus mercancías. Le compraban colonia, brillantina, bobinas de hilo y los encargos. A veces le pagaban con habas, alcachofas o huevos.
Juana no ha echado en falta nada. Su vida ha sido sencilla y buena. Se casó con Antonio, con él ha sido muy feliz, tuvieron una hija. Ella dice que siempre fue una niña mimada por sus padres y por su querida abuela Juana. Ahora tiene a su hija que sigue la tradición de cuidarla y mimarla. Se lo merece.

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